#40 - A Cuentagotas - Asesoramiento clínico

En este episodio de A Cuentagotas, Judith habla del concepto de asesoramiento clínico, a partir del campo académico lo que tradicionalmente se ha denominado comunicación del riesgo (del inglés risk communication or risk talk), que analiza cómo comunicamos probabilidades, beneficios e incertidumbres en la atención sanitaria.

Judith explora cómo influye el lenguaje y como presentamos información a las usuarias en la percepción de seguridad y riesgo y por qué el asesoramiento clínico es una competencia central de la matronería y de una atención realmente respetuosa y ética.

Como siempre, puedes escuchar (y ver) el episodio en SpotifyApple Podcast o Youtube.

Temas clave

  • Del risk communication al asesoramiento clínico: traducir la evidencia a un lenguaje comprensible, objetivo y completo.
  • Qué sabemos sobre cómo las personas entienden probabilidades, incertidumbre y evidencia.
  • Cómo la forma de comunicar influye en la percepción de seguridad, más allá de lo clínico.
  • El asesoramiento clínico como competencia central de la matronería.

Transcripción de episodio

En el último A Cuentagotas, en el episodio #37, hablé muy brevemente de un concepto que en la literatura se estudia desde hace décadas: lo que suele llamarse comunicación de riesgo.Un campo que viene del inglés , risk communication o risk talk, y que tiene una base científica muy sólida. Hoy quiero dedicar este A Cuentagotas a profundizar un poco más en ese tema.Quiero hablar sobre lo qué estudia este campo, y sobre todo, qué podemos aprovechar de él en nuestra práctica clínica diaria y en el marco más amplio de una atención respetuosa y ética.

Tengo que decir que el nombre risk communication o comunicación de riesgo, como término académico, no me gusta. Suena a que todo gira en torno al riesgo, cuando precisamente lo que propone es no centrar a las mujeres en el riesgo, sino acompañarlas con información que les permita decidir en calma. Y las palabras que usamos importan mucho. No solo en la consulta, sino en cómo conceptualizamos la atención, cómo formamos a profesionales y cómo construimos los mensajes que llegan a las personas que acompañamos.El lenguaje que usamos no es neutro.Muchas de las palabras que todavía utilizamos en maternidad vienen directamente del modelo industrial, de la lógica de la cadena de montaje, no del cuidado.Te voy a dar unos ejemplos:

  • Un ejemplo muy obvio y, afortunadamente, cada vez menos utilizado: “producto” para referirnos al bebé. Lenguaje claramente industrial: algo que se fabrica y se entrega. Borra la dimensión relacional, emocional y humana del nacimiento.
  • Pero hay otros ejemplos más sutiles, como “embarazo de bajo riesgo”, que reduce un proceso vital a una probabilidad de fallo. Por eso cada vez hablamos más de embarazos normales o de baja complejidad.
  • “Fracaso de…” (fracaso de dilatación, fracaso de inducción, fracaso del parto vaginal) coloca la responsabilidad en el cuerpo de la mujer, como si fuera una máquina defectuosa.
  • “Tiempo límite”, “fuera de plazo”, “caducado”, términos logísticos aplicados a cuerpos y procesos biológicos.
  • “Manejo del parto”, el parto como algo que se controla desde fuera, no como un proceso que se acompaña.
  • “Cumple criterios / no cumple criterios” sin explicación, un lenguaje administrativo que no siempre se traduce en comprensión para la mujer.
  • “Consentimiento firmado” como acto final, cuando debería ser un proceso, no un papel.

Todo este lenguaje refleja una forma de pensar la atención: lineal, estandarizada, orientada a resultados y eficiencia.Y como decía el académico Walsh ya hace tiempo, hay que romper la cadena de montaje porque el nacimiento no es un proceso industrial.

Volviendo al risk communication, precisamente uno de los objetivos de este campo es ese: evitar que la información se viva únicamente desde el riesgo.Por eso, cuando hablo de la aplicación práctica de este conocimiento, prefiero usar otro término: asesoramiento clínico. El asesoramiento clínico es, en el fondo, traducir la evidencia a un lenguaje comprensible y crear un espacio donde la mujer pueda decidir con calma, sabiendo qué implica cada opción. Más allá del nombre, este es un campo de estudio que analiza:

  • cómo interpretamos probabilidades y evidencia,
  • cómo el formato cambia la percepción,
  • cómo las palabras que usamos influyen en la percepción de seguridad
  • y cómo la relación con la profesional influye en la seguridad percibida.

Cuando presentamos la información sobre beneficios y riesgos de manera objetiva y equilibrada, sin generar ansiedad o miedo innecesario, la evidencia recomienda:

  • Expresar los datos en términos de probabilidades en lugar de “riesgos”.
  • Usar información visual, diagramas, pictogramas, comparaciones claras, para comprender mejor el contexto y la magnitud de los eventos posibles.
  • Expresar los datos en términos de supervivencia en lugar de mortalidad, cuando sea posible. Es mucho más fácil imaginar lo negativo que lo positivo: es un sesgo cognitivo muy humano.
  • Cuidar cómo presentamos los números: se ha visto que entendemos mejor la información cuando las probabilidades se expresan en frecuencias naturales, por ejemplo, “1 de cada 100”, que en porcentajes. No respondemos igual a un “1 de cada 1.000” que a un “0,1%”, aunque sean exactamente lo mismo. Y usar denominadores más pequeños siempre que sea posible mejora la comprensión, por ejemplo “1 de cada 200” en lugar de “5 de cada 1.000”.

Hay situaciones donde la evidencia no es concluyente o donde los estudios se contradicen.La investigación muestra que las personas no rechazan la incertidumbre; lo que rechazan es cuando la ocultamos. Explicarla con claridad aumenta la confianza.La percepción del riesgo no es matemática.Está moldeada por experiencias personales, historias familiares, expectativas culturales y por la relación que la mujer tiene con la profesional que la acompaña.La literatura muestra que, incluso sin darnos cuenta, podemos orientar una decisión con el orden de la información, con la entonación o con un comentario final.Aprender a presentar opciones de forma neutral es una habilidad, no algo intuitivo.Las mujeres toman decisiones más coherentes con sus valores y con mejores resultados emocionales cuando reciben:

  • cifras absolutas,
  • comparaciones equilibradas,
  • información visual simple,
  • y tiempo para procesar.

La toma de decisiones compartida se asocia a más control percibido, menos miedo, menos trauma y una experiencia más alineada con lo que la mujer considera importante. Todo esto no es teoría abstracta. Son conocimientos que ya existen, muy bien estudiados, pero no siempre se enseñan de manera estructurada en la formación de matronas o médicos. Y sin embargo, forman parte central de nuestra práctica. Porque comunicar no es un añadido: es una intervención clínica en sí misma, que influye en la percepción de seguridad o el riesgo. Y esa seguridad, como ya hablamos en el episodio #37 no es solo física, sino también emocional, mental, social y, espiritual.Está profundamente influida por experiencias previas, por expectativas culturales y por la relación que la mujer tiene con quien la acompaña.

Hablando con Alejandra el otro día sobre este tema, me decía: “esto del asesoramiento clínico lo suelen hacer más los médicos”. Y aunque a veces pueda parecer que estas conversaciones son “más del equipo médico”, en realidad forman parte central de la competencia de las matronas.Acompañar un embarazo, un parto, un nacimiento no es solo vigilar parámetros.También es ordenar la información, explorar valores, reconocer incertidumbres, presentar opciones y hacerlo todo desde una relación respetuosa. Hay muchísimas situaciones donde debemos ofrecer información objetiva y completa: desde los test prenatales, como el cribado combinado o la TNPI, la prueba de O’Sullivan, hasta las opciones a partir de la semana 41 o las decisiones que pueden surgir durante el parto.Si no dedicamos tiempo, espacio y energía a esta parte y la dejamos en manos de otros perfiles profesionales, no cedemos solo una tarea: cedemos un elemento clave de la autonomía de la mujer y de nuestra propia identidad profesional. Si aspiramos a modelos de atención liderados por matronas, basados en la fisiología, en la continuidad y en relaciones de confianza, necesitamos sentirnos competentes y seguras en este ámbito: en explicar, contextualizar y acompañar decisiones. No puedo insistir lo suficiente en que nuestra profesión es un verdadero oficio. Y un oficio que se mueve muchas veces en zonas grises. Eso requiere integrar conocimientos clínicos complejos, habilidades prácticas, una sólida filosofía profesional, principios éticos y un enfoque basado en derechos humanos para acompañar a las mujeres y familias a lo largo de sus procesos vitales.

Antes de cerrar, quiero decir algo importante. Todo lo que he compartido hoy, el lenguaje, las probabilidades, la forma de acompañar decisiones, no son trucos de comunicación. Son competencias clínicas complejas.

Traducir estos principios a conversaciones reales en la consulta requiere tiempo, práctica, reflexión conjunta y trabajo con casos reales.Es algo que no puedo enseñar un podcast.Por eso, ahora mismo mi intención es poner la base y abrir una conversación profesional.Estoy empezando a explorar cómo crear un espacio formativo para trabajar todo esto con la profundidad que merece. En los próximos A Cuentagotas seguiré bajando algunos ejemplos a tierra, y estoy explorando cómo crear un espacio formativo para trabajar todo esto con la profundidad que merece.Si este contenido te resulta útil, te quiero pedir darle al like y compartirlo para que llegue a más compañeras y compañeros.

¡Buen fin de semana y hasta pronto!

Recibe nuestro newsletter